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miércoles, 11 de febrero de 2015

Sobre los acantilados de mármol_Ernst Jünger


Pocas veces leo los prólogos y si los leo, lo hago tras finalizar la lectura completa del texto o libro del que voy a dar buena cuenta.  Y lo hago así porque no quiero influencias previas, no quiero indicaciones o interpretaciones condicionantes. Así ocurre con el extraordinario prólogo de este libro, que lo es, pero que deja al lector, únicamente, la tarea de confirmar lo leído en él.

Sobre los acantilados de mármol es una historia de tierras imposibles. Asentados en Marina, una tierra de vides y calma junto al mar, la vida de los dos protagonistas es un tranquilo devenir siguiendo sus estudios de botánica y afanándose en darles una digna clasificación a las plantas que van recolectando.

En la ermita de las Rudas, al pie de los acantilados, los atardeceres son plácidos y la vida fácil. Después de haber participado en las guerras que sacudieron antes la zona, viven ahora viendo crecer al pequeño que juega por todos los rincones, que encanta a las serpientes y desconcierta a los dos hombres y la mujer que vive en la casa y cuida de los tres.

Un buen día, en uno de sus paseos para recolectar nuevas plantas y flores que añadir a su vasta colección, se adentran en tierras de la Campaña y descubren algo, algo aterrador. La Campaña, gobernada por el Guardabosque Mayor, es un terreno boscoso, plagado de nieblas y personajes siniestros.

Algo comienza a ir mal, algo se está moviendo y desencadenará una terrible guerra. Los hermanos serán testigos, desde el lugar privilegiado de los acantilados, de los movimientos que se realizan en la Campaña, de las luchas intestinas y de los métodos inhumanos que cambiarán para siempre el destino.

Una bella historia, llena de magia, fantasía y terror.
Pero es  Jünger, ahí es nada, y pocas son las cosas que deja a la fantasía o al azar. Los paralelismos con su propia vida y su época son claros. O eso parece. La Marina, el lugar pacífico; los acantilados, la división entre ambas tierras; y la Campaña, la tierra convulsa, donde la ambición y la sádica locura parecen abocar hacia una única dirección: la guerra.

Como último aporte, para vuestra interpretación, Jünger fue combatiente en la Primera Guerra Mundial y su obra “Sobre los acantilados de mármol” se termina de escribir en 1939.

Lo sé, he hablado demasiado.


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