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domingo, 11 de octubre de 2015

Pasaje a Tahití_Eva García Sáenz


Una novela de amor. Sí. Una novela de viajes. Sí. Una novela costumbrista. Sí. Una apasionante historia de superación, de ciencia y de investigación. Sí, también.  Todo esto se reúne en este libro, plagado de guiños a personajes históricos, a grandes pintores, y a la curiosidad de un lector ávido de ir más allá, de descubrir más acerca de lo que le han contado.

Dos hermanos, humildes vidrieros en  Manacor marchan en busca de fortuna hacia las desconocidas tierras de la Polinesia. En el barco que hace la travesía  conocerán a dos hermanas, hijas de un cónsul casi desterrado. Una epidemia en el barco, unirá sus destinos para siempre. Los dos hermanos, muy diferentes entre sí, se enamoran de una de las hermanas y ese amor será la cruz y la dicha de los tres. Ese sentimiento que les hará sufrir y que entrelazará sus vidas.

Los herederos de aquellos pioneros viven, en el presente, una lucha de poder que llevará a uno de ellos a seguir la pista de un cuadro; una pintura, aparentemente, atribuible a Gaugin, nada menos. La muerte de la matriarca de su imperio, dedicado al cultivo de perlas, desatará una feroz contienda en la que se verán involucrados los cuatro herederos.

A través de las distintas voces que narran la historia, los lectores viajaran con los personajes, conocerán el glamour de París, el mar amable de Tahití, las heladas aguas de Japón y las cristalinas calas de Menorca. Una constante, tal vez no buscada por la autora, pero una constante: el mar. Ese extraño compañero que da vida y reclama vida.

En definitiva, una apasionante novela que narra en paralelo dos historias: una en el pasado y otra en el presente; una historia contemporánea, todo lo contemporáneo que pueda ser 1930, y una historia evocada, allá por el año del señor de 1890.

La autora consigue, con un lenguaje sencillo, pero elegante, que sea el lector el que vaya moldeando a cada personaje. Algo que parece fácil, pero que sólo quien ha trabajado unos personajes a fondo, es capaz de llevar a cabo.

Como anécdota, coincido plenamente con fascinación que causa Friedich y “El caminante sobre un mar de nubes”.  Y me fascina tanto, que he dudado si acompañar estas impresiones con la portada del libro o con la reproducción de la pintura aludida.

Una lectura, por tanto, recomendada para disfrutar de una gran historia y recomendada, además, para descubrir el apasionante mundo de las perlas, amén de pequeñas y deliciosas curiosidades.
…y en esas curiosidades andaba cuando he ido tenido que dejar de leer un rato para ir a recuperar, de los estantes olvidados de mi estudio, L’Encycopédie Diderot et D’Alembert.

Un gusto de novela y un gusto la estela que deja tras de sí. Compruébenlo.



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