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lunes, 23 de enero de 2017

Saltaré sobre el fuego_Wisława Szymborska





Ahora que se acerca el aniversario de su muerte (Cracovia, 1 de febrero de 2012), no encuentro mejor manera de recordar a esta gran dama de las letras, a la que fue Premio Nobel de Literatura en 1996, pero nunca se lo creyó del todo.

La descubrí hace muchos años, mucho antes del Nobel y por casualidad. Fue un flechazo, uno de esos que sabes que será para siempre. La admiración por su poesía sencilla no ha dejado de fascinarme durante todo este tiempo.

Esa sencillez aparente, esa poesía que no se fija en la métrica, que sale del corazón y pone encima de la mesa los sentimientos más íntimos y los temas más mundanos,  que encierra una profundidad sobrecogedora; esos versos cercanos que hablan de guerra y política con la misma facilidad que hablan del curriculum perfecto y del amor humano. Esa poesía, esos versos son los que calan hondo porque nos hablan de las cosas que conocemos y sentimos, sin grandes alardes académicos, sin florituras excesivas y con la misma curiosidad y alegría con la que un niño puede descubrir el mundo. Son sonidos del alma.

Saltaré sobre el fuego es una pequeña selección de los poemas de Szymborska, recogidos con mimo por la editorial Nørdica, que ha añadido, además, unas estupendas ilustraciones a cargo de Kike de la Rubia. Es, sin duda, una de las mejores ediciones que han pasado por mis manos.

Y, aunque no se incluya en esta selección, no puedo dejar de citar uno de mis poemas preferidos de esta grande.


Las tres palabras más extrañas
  
Cuando pronuncio la palabra Futuro,
la primera sílaba pertenece ya al pasado.
Cuando pronuncio la palabra Silencio,
lo destruyo.
Cuando pronuncio la palabra Nada,
creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.